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domingo, 15 de abril de 2012

Periodismo Humano: El hambre mata en Salta, Argentina (Por Rebecca Mateos).

Los invito a leer el reciente artículo que surgió del contacto con la perodista española Rebecca Mateos Herraiz, de Periodismo Humano, quien entrevistó a la escritora de este blog, a estudiantes universitarios indígenas y miembros de la comunidad Guaraní Sachapera (Tartagal). El mismo denota las problemáticas de las comunidades, pero también la gran oportunidad que representa la presencia de indígenas en la Universidad.

http://periodismohumano.com/economia/el-hambre-mata-en-argentina.html


El hambre mata en Argentina

En lo que va de año 10 niños han muerto por causas relacionadas con la desnutrición en las comunidades indígenas del noroeste de Argentina, uno de los países mayores exportadores de alimentos del mundo

Pero también, por primera vez en la historia, una generación de la comunidad wichí, la principal en esta región, pisa la Universidad

El hambre azota a las comunidades indígenas del noroeste de Argentina que se enfrentan a un grave problema de desnutrición desde hace ya mucho tiempo, sin que haya existido una respuesta eficaz por parte de las autoridades locales y nacionales del país que logre atajar el problema de raíz. En lo que va de año han muerto al menos 10 niños por causas directas o indirectas relacionadas con la desnutrición, el doble que el año pasado. Los más afectados son los indígenas pertenecientes a la etnia wichí, que en total suman unas 30.000 personas distribuidas en alrededor de 200 comunidades por toda la provincia de Salta.
Para Jonathan Felix, representante de 20 familias Wichís de la comunidad de Ballivián, el problema de la muerte de los niños por desnutrición estaba tapado porque no había gente interesada en sacarlo, pero existe desde hace 20 años. “Acá hay mucha desocupación, ese es el tema, no hay trabajo. Antes la gente se mantenía de otra manera, sacaba alimentos del bosque. Ahora eso no se puede hacer”. Lo impide el simple hecho de que ya no quedan bosques de donde sacar esos alimentos debido la tala indiscriminada de árboles y los desmontes puestos en marcha a finales de los 90 a favor de la plantación de soja y que acabará provocando una terrible deforestación en la zona, a la par que asestará un duro golpe a las comunidades indígenas arrojándolas a la extrema pobreza.

Foto: Ana Soruco

La Ley de Bosques de finales de 2007 que consiguió paralizar la deforestación, llegó demasiado tarde. Según datos de  Greenpeace Argentina, entre 1998 y 2002 la superficie deforestada en la provincia de Salta fue de 194.389 hectáreas, mientras que entre 2002 y 2006 se duplicó hasta llegar a las 414.934 hectáreas, tan solo unas 90.000 hectáreas menos que la totalidad de la superficie de España.
Un informe técnico elaborado por la Fundación ASOCIANA, Tepeyac y FUNDAPAZ en septiembre de 2008 señala a las autoridades como los culpables de permitir a los agentes privados llevar a cabo los desmontes de manera tan irracional, que posibilitó la reducción de la selva pedemontana de las Yungas y del Chaco salteño, “hasta el límite mismo de la extinción”. Paradójicamente, los campos de cultivo de soja, a favor de los que se deforestó la zona, han convertido a Argentina en uno de los países mayores exportadores de alimentos del mundo en la última década y han aumentado su PIB en un 9,5% en 2010. Mientras tanto, las comunidades indígenas sobreviven como pueden. “Acá hay muy poquita gente que tiene trabajo y los que trabajan en la municipalidad ganan 24 pesos (4 euros) por 6 horas de trabajo diarias. Con ese dinero, si tienen 5 ó 6 chicos ¿qué puede alcanzar? Estamos en una situación muy crítica”. Existen comedores sociales en cada comunidad que reciben por parte del gobierno 11 pesos (1,8 euros) por niño al mes. Esto les alcanza para un máximo de 10 días. Pero Felix tiene claro que la aportación de comida que les da el gobierno –aunque ni tan siquiera eso sea suficiente–, no es la solución. “No hemos tenido el acompañamiento del gobierno local porque ha mantenido gente con bolsones y no se ha preocupado de hacer capacitar a los chicos. Hay chicos que han terminado la primaria y no han podido continuar con sus estudios”.
La desnutrición está estrechamente relacionada con la capacidad de aprendizaje. Según Ana Inés Soruco, experta en nutrición,cada 15 centímetros perdidos de talla a causa de la desnutrición, se ve reducido en 15 puntos el coeficiente intelectual de un niño durante sus 18 primeros meses de vida. “Eso se ve clarísimo en el norte argentino en  el que el rendimiento en la escuela es más bajo y es más difícil llegar a una formación profesional o universitaria. Y si a eso le agregamos que en las escuelas primarias no se respetan los idiomas nativos, es decir, que los chicos llegan a la escuela hablando wichí y la maestra los recibe enseñando contenidos en español y ajenos a su cultura, la dificultad es aún mayor”.

Foto: Ana Soruco
A menor formación, menos opciones de ganarse la vida, más posibilidad de estar en paro, es decir, más pobreza, más hambre y de nuevo, más niños desnutridos. Por eso es por lo que el apoyo a la formación de estos chicos se debe tener en cuenta como una de las soluciones indispensables, si se quiere romper el círculo de extrema pobreza que les envuelve. Cristian García de la comunidad de Sachapera podría estar a un paso de conseguirlo. A sus 18 años estudia el último curso de secundaria y se siente privilegiado por poder hacerlo. En su escuela  se debe ir vestido con uniforme, que no es gratuito y no todas las familias pueden costear, por lo que tan solo 6 ó 7 chicos de esta comunidad indígena de la localidad del Tratagal, pueden cursar la secundaria. “Me da lástima ver a esos chicos que no tienen la oportunidad de estudiar y me da hasta ganas de decir, toma mi ropa y estudia vos. Yo también soy aborigen pero mi mamá se rebusca para que yo pueda seguir estudiando y ellos no pueden, porque sus padres se van a rebuscar como sea, pero solo les alcanza para comer”. El sueño de este chico de etnia guaraní sería poder ir a la universidad a estudiar enfermería o medicina para ayudar a la gente de la comunidad a la que pertenece, y no sabe si lo conseguirá por falta de recursos económicos, tal como sucedió con su hermana Silvana: “No pude seguir más porque no tenía plata para continuar. Me hubiera encantado estudiar para maestra, para enseñar a los aborígenes de acá porque no saben leer, no se saben expresar, no saben escribir”.
Quien sí ha conseguido pisar el aula de una universidad, aunque no con poca dificultad, es el joven wichí Elio Fernández que cursa segundo año de Antropología social en la ciudad de Salta. Elio forma parte de la primera generación de chicos indígenas que han iniciado estudios universitarios.  Va a paso muy lento porque no tiene más remedio que trabajar para costearse el alquiler, la comida y el material necesario para seguir con sus estudios. Pero para Elio la falta de recursos económicos no es la principal dificultad, ya que considera que el choque cultural que supone adaptarse a la vida de la ciudad cuando se procede de una comunidad indígena como la suya, es lo más duro con diferencia.  “El chico que sale de la comunidad indígena en la cual tiene otras costumbres, hábitos y lengua,  llega acá a la ciudad como si fuera otro mundo totalmente diferente a lo que estaba viviendo. Eso resulta un impacto a la hora de llevar adelante su vida.  Conocí a muchos amigos que directamente abandonaron los estudios  y se volvieron a sus comunidades a dedicarse a otra cosa, por ejemplo, a trabajar en la finca y hacer trabajos sencillos, no más. Echaban de menos a sus familias y pensaban que no merecía la pena seguir haciéndose mal”.
La fuerza  que a Elio le hace seguir adelante es el sentimiento de impotencia de ver las injusticias que se cometen con las comunidades indígenas de las que procede. Tiene muy claro que capacitándose va a ser la mejor manera de  ayudarles en la defensa de sus derechos. “Para mí sería un honor trabajar para que a los indígenas se les dé una oportunidad, para que sean respetados, para que se les reconozca su lengua y su cultura, porque hasta ahora esto no se les reconoce oficialmente. Eso a mí como indígena me duele, entonces pienso el día de mañana cuando me reciba voy a trabajar para que al menos eso se pueda reconocer.  Que la gente se dé cuenta de que existimos, que nos respeten y hacer valer nuestros derechos”.
En sus días libres Elio se reúne junto con otros chicos indígenas universitarios y viajan a las comunidades para llevarles alimentos, ropa y para saber cuál son las auténticas necesidades de su día a día. “Un gobernador de acá que nunca durmió en un lugar que hace frío, que nunca sufrió hambre, que siempre fue bien atendido en un hospital o que su hijo no murió en una comunidad entonces, ¿cómo pretende gobernar sin nunca vio esa situación? Le falta el conocimiento real que existe en cada lugar”.
Esta nueva generación de indígenas universitarios viene pisando fuerte, ya que son conscientes de que en ellos está la clave de conseguir evitar que las voces de sus pueblos, tantas veces ignoradas, caigan en el más remoto de los olvidos.

martes, 15 de marzo de 2011

Artículo "LA ISLA DE LOS WICHI" por Diego Long (Diario Miradas al Sur)

[13 de Febrero de 2011] El siguiente es el artículo escrito por el periodista Diego Long, del diario "Miradas al Sur":

La muerte de siete niños de las comunidades echadas de sus tierras en Salta recuerda el drama de los que no son tratados como hermanos En apenas doce días, siete nenitos de entre seis meses y tres años murieron en el departamento de General San Martín, al norte de la provincia de Salta. Todos pertenecían a la etnia wichí y todos fallecieron a causa del estado de desnutrición en que se encontraban. En su mayoría, la diarrea estival fue la encargada de asestar el tiro de gracia.
Marianito Moreno se recuperó físicamente de una desnutrición aguda, pero arrastra secuelas neurológicas.
Marianito Moreno se recuperó físicamente de una desnutrición aguda, pero arrastra secuelas neurológicas.
“La otra vez fuimos noticia porque cortamos la ruta, por los pozos petroleros, pero ¿quién se va a acercar ahora por los niños que mueren de hambre, hermano? El niño no habla, no te puede decir tengo hambre, y son sólo los papás los que los están mirando y los tienen en los brazos hasta que se mueren”, interpela a Miradas al Sur, Eduardo Paliza, integrante de la comunidad wichí. Por eso, esta vez, la sorpresa fue que el tema se instaló en los medios. Porque, el año pasado, a esta altura, la cifra de niños fallecidos duplicaba a la de este 2011, y la del anterior fue aún mayor, y la del anterior, más. Así y todo, semejante espanto no mereció la escena mediática de aquellos años no electorales.
De todos modos, las explicaciones periodísticas aportaron más confusión que otra cosa. “La radio y la tele, que están acá a la vuelta nomás, dicen que ‘es un problema cultural’. Mentira. ‘Es un problema indígena’”, se queja Paliza. “Cortan el hilo por lo más delgado. Si nosotros tuviéramos todas las tierras, el río, el pescado, las frutas, las plantas, no se le pide a nadie nada. Cómo va a hacer una madre con sus hijos, si no le puede dar la fruta, ni el pescado? Acá en el norte hay mucha riqueza en la tierra, ¿pero cómo llegar si está todo alambrado y no podés pasar porque te meten tiro o te mandan a la policía?
Paliza empieza a desentramar una parte del problema. Quizá la fundamental. Al menos para las comunidades, porque todos los caciques repiten que el problema es el desempleo, y que ello está directamente ligado con la expulsión de los pobladores originarios, la ocupación de sus tierras y la instalación de industrias que generan muy poco empleo.
“El departamento de San Martín empieza en Embarcación y termina en Bolivia –cuenta el ciudadano argentino y wichí–. Son cien kilómetros de ruta. Al este están las sojeras, todos los días los aviones están tirando cagada y veneno, matando a los pueblos indígenas todos los días. Al oeste, están las petroleras, que envenenan todo, los ríos, la tierra, y matan a los animales, y eso nadie lo dice. Estamos a 2 mil kilómetros, pero la amiga Presidenta tiene que conocer la verdad”, remata.
Octorina Zamora también es salteña, es wichí y le apunta a la usurpación: “Los pobres, los indígenas, no tenemos acceso al trabajo digno, no podemos contar con los medios económicos para dar de comer a nuestros hijos. Les dan prioridad a la soja y nos despojan de nuestro territorio, de nuestro hábitat. Uno de los mayores culpables de todo esto es el tema de los despojos, el desmonte, hay muchos pueblos acorralados por vastos territorios de gente que ni siquiera son del lugar,. Hay muchos patrones que nosotros ni conocemos”.
Octorina agrega que las 17 comunidades indígenas (wichí, guaraní y quom) que viven en Embarcación y se quedaron sin territorios, también sufren inundaciones cada vez que llueve. “Encima, Embarcación está en una zona de transición entre las sierras de yungas y el Chaco salteño árido, el único pulmón ecológico que tenemos”. La Dirección de Recursos Hídricos provincial publicó un informe que “dice que el pueblo de Embarcación está en riesgo de sufrir un alud por los desmontes”. Octorina estuvo en agosto de 2009 en Buenos Aires, junto a otros veinte wichís, pidiendo a la Corte Suprema que detenga los desmontes. La Corte ya estaba al tanto: seis meses antes siete caciques wichís habían participado de la audiencia pública, junto a los gobiernos provincial y nacional, que el máximo Tribunal había ordenado al hacer lugar al amparo que detuvo por un tiempo talas y desmontes en San Martín, Orán, Rivadavia y Santa Victoria.
Mente, cola y corazón cerrados. En el mismo sitio donde los bebés se mueren de hambre están los campos de Alfredo Olmedo. En poco tiempo acumuló unas 160 mil hectáreas. Según fuentes provinciales, “andando mal, le da un rinde de 440 millones de pesos por año”. Alfredo Olmedo hijo, hoy diputado, declaró: “Soy orgulloso de ser del campo y pertenecer a una cultura del trabajo”. Pero los salteños aseguran que “no se le conoce sudor, nunca trabajó”. Las únicas actividades en que se lo vio antes del Congreso y de Cocodrilo fueron las carreras de motocross y motos de agua. El diputado corría en aguas más limpias que las que las comunidades traen de lejos, almacenan por días en tachos precarios y causan la diarrea. La diarrea estival, habitual en esta época, altera la absorción intestinal, lo que produce la pérdida de agua, minerales y nutrientes. En los niños pequeños, provoca rápida deshidratación. Si no se trata a tiempo acarrea consecuencias graves, como la muerte.
El aspecto cultural del problema también es complejo. Por un lado, los miembros de las comunidades wichís dan cuenta de la discriminación que sienten en las instituciones hospitalarias. Por otro lado, o no tanto, las autoridades deben lidiar con la reticencia de los aborígenes a la medicina occidental. Para colmo, el exitoso plan nacional de agentes sanitarios y de descentralización de la atención médica tiene sus vacilaciones allí. “La atención primaria de la salud es la llegada de los agentes sanitarios al territorio, muchos de la propia comunidad”, describe Susana Canela, especialista en políticas públicas. “Teníamos el centro de salud, enfermera, los médicos iban al lugar, pero la provincia ahora está teniendo un déficit de médicos en la parte pública”, explica. El sueldo de un agente de la medicina en territorio es pagado cerca de $7000.
El gobernador Juan Manuel Urtubey puso en marcha un plan de emergencia con la intención de detener la seguidilla de muertes. Y al frente del plan la puso a Canela. Urtubey plantea que “si las actividades que venimos haciendo no son suficientes, hay que buscar estrategias nuevas e integrales. Si detectamos desnutridos, nos apoya muchísimo el Ministerio de Desarrollo Humano, que tiene todos los planes alimentarios con dietas especiales. Vamos a tener once nutricionistas repartidos por las comunidades, así que vamos a trabajar fuerte en este tema”, se ilusiona Canela, y suma que serán diez grupos de especialistas, universitarios e indígenas que trabajarán “comunidad por comunidad. Unas cuarenta personas se incluirían para trabajar en todo el territorio, desde Pichanal hasta Pocitos”.
Canela sabe que “la problemática que se vive no tiene que ver solamente con un problema de acceso a los alimentos, sino con un proceso educativo, con el acceso a la salud, con condiciones dignas de vida. Todo eso hace que una persona y una familia pueda cambiar su situación de vulnerabilidad y superar problemáticas tan específicas como esta”, asegura.
La Asignación Universal por Hijo llega también a estos parajes a los que no llega ni el agua. Algunos wichís lo perciben, pero otros no tienen la posibilidad porque no tienen ni documentos. La nutricionista Ana Inés Soruco Wynne es jujeña, pero trabaja con las comunidades de Salta. Hace hincapié en el error de no contemplar el multiculturalismo en el ámbito de la salud y alude a las experiencias de Venezuela, México y Chile. Los trasandinos instalaron en el Sur mapuche “hospitales interculturales donde las machis, las curadoras mapuches que tienen un espacio en los hospitales, trabajan en forma mancomunada con los agentes de salud clásicos”.
El drama no puede quedar oculto detrás de la multiplicidad de factores que inciden en la problemática, todos los años mueren niños, que parecen ajenos como si fueran de una isla.
Fuente: sur.elargentino.com

miércoles, 16 de febrero de 2011

Otro niño wichí desnutrido internado en el Hospital Materno Infantil de Salta

Esta mañana llegué al hospital Materno Infantil, en busca de conectarme con quien posiblemente dirigirá los Centros de Prevención Nutricional de Salta Capital, Orán y Tartagal. Al salir del hospital conversé con dos personas Wichí que estaban en la vereda del Hospital. 

Me movilizó el hecho, recuerrente, de que viniendo de tan lejos y no teniendo familiares en la capital, durmieran en los pisos de los pasillos, sin tener un lugar adonde quedarse para acompañar a su niño desnutrido, con una mínima dignidad.

Esta es la nota que Alejandro Ahuerma les hizo esta tarde en la puerta del Hospital Materno Infantil de Salta. Pronta a ser publicada:

Renunció el gerente del Hospital de Tartagal y otro niño wichí desnutrido está internado en el Hospital Materno Infantil de Salta.

Ante la esperanzadora noticia de la creación de tres centros de rehabilitación nutricional, dada ayer por este diario, llegó esta mañana la esperada renuncia del Gerente del Hospital de Tartagal, Dr. Carlos Tapia, quien ayer negara a un medio local que las muertes sufridas por niños wichis en los últimos 15 días, fueran por causas de desnutrición. Será reemplazado por la Dra. Viviana Brain.

En medio de estos cambios de nombres, la realidad sigue golpeándonos.
En el Hospital Materno Infantil de la ciudad de Salta, desde hace 7 días, está internado en terapia intensiva Efrain Ibañez, de 5 meses de edad. Su madre Guillermina Flores Segundo nos cuenta que "es desnutridito desde que nació". Ahora esta internado porque se complico con diarrrea y vómitos. 

Guillermina está acompañada por Abel Ibañez y ambos duermen en el piso de la sala del Hospital, donde reciben desayuno almuerzo merienda y cena, pero no tienen lugar adonde estar.

Autor: Alejandro Ahuerma


Recordemos que el gobierno provincial en ocasión de cerrar la sala de recuperación nutricional durante el traslado de la terapia intensiva del viejo Hospital de niños al Materno Infantil, prometió utilizar el viejo Hospital para recibir y alojar a las familias que viajaran desde el interior de Salta a hacer atender a sus niños, hecho que parece no se concretó hasta ahora, cuando ya pasaron mas de dos años.

Guillermina con su hijito Efraín fueron trasladados en el avión sanitario, vienen de la Comunidad Mora Nueva en Bolivia, se atienden en el Hospital de Santa Victoria Este que es lo más cercano, y donde vive su familia en Misión San Luis, pero no les dijeron todavía si cuando se recupere el niño, los van a  devolver en ambulancia o cómo, y aún estarán entre 3 a 7 dias más en el hospital.

Piden ayuda a la población, ya que aquí no conocen a nadie. Solicitan donaciones de alimentos, en especial leche en polvo para el niño, y para los adultos bebida envasada porque viajan y porque están lejos de sus casas, galletitas, sanguches, o cosas listas para comer con las que puedan ayudar. También necesitan un termo para tener agua caliente para la leche y un biberón. 

Solicitan si alguien tiene dos hules grandes para sus casas. Calzados numero 37 de mujer y 40 de hombre, y ropas de hombre y mujer, como elementos de higiene ya que están con una sola muda de ropa. 


Guillermina cree que tiene aproximadamente 40 años (no sabe su edad), 6 hijos, el más chiquito en estado delicadísimo, y una historia de desolación y atropellos de casi 500 años.

Alejandro Ahuerma
Desde Salta

IMPORTANTE: Recibirán las ayudas en el Hospital Materno Infantil, su niño se encuentra en la sala de Terapia Intensiva, en la intersección de las Avenidas Sarmiento y Arenales.






A continuación el lamentable desenlace (Fuente:Radio Cadena Máxima)
http://cadenamaxima.com/murio-por-desnutricion-un-nino-wichi-oriundo-de-bolivia/


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Denuncian que un niño wichi oriundo de Bolivia murió por desnutrición


Por Cadena Máxima lo confirmó Ana Soruco, una Nutricionista que estuvo en contacto con Guillermina Flores y Abel Ibáñez, los padres de Efraín, un bebe de cinco meses que, según la madre, presentaba un cuadro de desnutrición. La familia fue traslada en un avión sanitario de la provincia hasta el Hospital de Salta donde el menor habría sido internado durante diez días.
Ana Soruco, ayuda a los pueblos originarios junto a un grupo de amigos hace más de diez años. Según manifestó hace unos días ella se encontró con los padres de Efraín, en la puerta del Hospital, donde pudo dialogar con ellos.
La nutricionista dijo que “la familia es procedentes de la comunidad Las Moras de Bolivia y el punto más cercano para ser atendidos es en la Misión San Luis de Santa Victoria Este, Argentina”.
Soruco explicó que la madre habló con ella y relató que su bebe “presentaba un cuadro con diarrea y vómitos, y además que había sido desnutrido desde el nacimiento”.
Por ultimó, la mujer que desinteresadamente decidió asistir a la familia wichi, expuso  angustiadamente que “es inconcebible que ellos que vienen de tan lejos tengan que dormir en el piso del Hospital, todos sabemos la situación económica que pasan las comunidades de los pueblos originarios y no reciben ayuda”.

Travesía Solidaria a la Comunidad Wichí de Ballivián: Basta de muertes por desnutrición. Seamos parte de la solución ahora.

El Viernes 11 de Febrero llegamos hasta la comunidad de Ballivián, donde la desnutrición infantil es frecuente y hace pocos días cobró la vida de uno de sus niños: Julián. En la primer casa donde tocamos las palmas, nos encontramos con la abuela de Marianito Moreno, quien en 2008 estuviese internado con desnutrición grave, extrema en la Sala de Recuperación Nutricional que llevaba adelante la Doctora Gladys Perna, cerrada en 2009, y que en estos días podría confirmar su rol en la coordinación de tres Centros de Prevención y Recuperación Nutricional a construirse en la provincia.

Foto: (Salta, 2008) Desnutrición extrema. Marianito Moreno.
Autor: Alejandro Ahuerma

En aquel momento de crisis, el periodista social Alejandro Ahuerma estuvo cerca de Marianito, y su trabajo periodístico fue un punto de encuentro de nuestras visiones e ilusiones al tiempo que quien escribe trabajaba en comunidades Kolla de la Puna Jujeña. Dos años y medio después, emprendimos estra travesía solidaria junto a "Lala" (titiritera de La Plata que llevó entretenimiento y alegría a los chicos).

Foto: Familia de Marianito Moreno. Comunidad Quebrachal II. Ballivián.
Autor: Alejandro Ahuerma

En el reencuentro con Marianito, interrumpimos su siesta en una manta en el suelo de tierra. Nos mira asustados, no habla. Es demasiado probable, que las secuelas neurológicas de la desnutrición no le permitan la interacción que tuvieron con nosotros otros niños de su edad. Está recuperado, en su peso, pero las condiciones de pobreza en las que vive lo mantienen en una situación de supervivencia. A veces no comen. Su mamá es monolingüe, habla solamente Wichí, y no entiende lo que decimos, tampoco lo que le dicen los médicos. Sus abuelos hablan español. Nos muestran que no tienen agua potable, su casa de maderas con un techo de Nylon (plástico). Están visiblemente desnutridos.

Foto: Cacique de Quebrachal 2. Abuelo de Marianito Moreno.
Autor: Alejandro Ahuerma

Foto: Abuela de Marianito Moreno.
Autor: Alejandro Ahuerma

El abuelo de Marianito es el cacique de Quebrachal II, una de las comunidades que forman Ballivián. Está desesperanzado ante tantas promesas incumplidas. "Los que vienen, nunca vuelven"- nos dice, y nos conduce a conocer a "alguien más entendido": el organizador de los caciques de la zona es Jonatan Felix,  maestro bilingüe con una completa visión de lo que pasa en las comunidades de Ballivián. Destaca la escasez de territorio que generó el desmonte para la sojización, y sabe que ya nunca podrán volver a cazar y recolectar alimentos del Monte para subsistir. Por eso quiere trabajo y capacitación para su gente, para que los miembros de su comunidad lleguen a ser los agentes sanitarios, los maestros y ¿porqué no? un día los nutricionistas, médicos y periodistas que trabajen por sus derechos. 

Reconoce la insuficiencia del agua potable. En Ballivián no hay sistema de red, solamente un tacho de 1000 litros que es llenado una vez por semana, y no alcanza para cubrir las necesidades de las 200 familias de la zona. "Es urgente solucionar el problema de la precariedad de las viviendas. Hace unos años me enteré de que había un cupo para construir viviendas. Pero el estado no construye viviendas en Ballivián porque los terrenos pertenecen a la comunidad indígena". Trampa burocrática inconcebible. Jonatan pide colaboración con materiales de construcción como chapas y maderas (que se pueden comprar en la misma zona, plagada de empresas forestales como sojeras). Se siente rodeado por las plantaciones de soja que llegan a menos de 1 km de sus casas. Denuncia que "nos fumigan como si nosotros no existiéramos". Sabe que el glifosato es un veneno y que les genera problemas de salud como mareos, cansancio, cáncer y pérdida de la visión. Él mismo siente que cada vez vé menos. Aún no llega a los 40 años, y tiene muchas clases por delante.

En la temporada escolar, los chicos comen todos los días en el comedor. En el verano, tienen que comer en sus casas y la comida no alcanza: "los chicos esperan ansiosos que empiecen las clases para volver a almorzar todos los días". 

Jonatan nos relata que desde hace años, las comunidades solicitan la presencia de miembros bilingües en las salas de atención de salud. Muchas madres de su zona son monolingües y no saben leer y escribir. No comprenden lo que los médicos explican e indican; y muchas veces se sienten mal tratadas. 

Cuando preguntamos cómo los podemos ayudar, nos agradece en lo que podamos colaborar, pero agrega que "aunque traigan camionadas de alimentos, eso sera para unos días. Pero el problema seguirá siendo el mismo. Queremos TRABAJO y DIGNIDAD. Queremos mejores viviendas y agua potable". 

Como todos nosotros.

Foto: Laguna de aguas estancadas en el centro de Ballivián. Y él, nos espera.
Autor: Alejandro Ahuerma

Autor de la Nota:
ANA INES SORUCO
DNI 27.110.424